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La historia familiar de uno de los primeros restaurantes de Puerto Madero
Karina Fernández abandonó la abogacía para manejar uno de los primeros restaurantes de Puerto Madero. «De gastronomía, lo único que sabía era comer», recuerda la empresaria que continuó con el empredimiento de su padre, llegado desde Galicia después de la Segunda Guerra Mundial.
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José Luis Fernández, un inmigrante gallego que llegó a Argentina en los años 50, fundó su restaurante en 1995 luego de recolectar experiencia en otros emprendimientos previos.
«Papá llegó a Argentina a mediados de los años 50 desde Lugo, Galicia, con el sueño de ‘hacerse la América’. Desde el barco que lo traía, divisó un espacio junto al río y proyectó mentalmente un restaurante vidriado con identidad de puerto. Como muchos inmigrantes de la época, supo a temprana edad qué gusto tiene el hambre y cómo duele la panza vacía y entonces trabajó incansablemente para salir adelante y alcanzar su sueño», cuenta hoy su hija Karina, quien abandonó la abogacía para manejar Puerto Cristal, en el que emplea a más de 50 personas y tiene capacidad para 350 comensales.
El restaurante es el único de la ciudad que ofrece langosta en su menú, y encierra la historia de un sueño familiar atravesado ya por tres generaciones.
Hoy, bajo la dirección de Karina Fernández, Puerto Cristal sigue evolucionando, manteniendo viva la visión de su fundador y adaptándose a los desafíos del sector gastronómico, tal como supo hacer su padre.
Fernández padre, asociado con Gianni Furlan, el hijo de su mentor y con el apoyo de esposa, María Luján, fueron abriendo locales propios, como la Pizzería San Carlos, Café Victoria, Torino, Alameda, Callao 27, Oriente y Río Rhin, que se convirtieron en pilares de la gastronomía porteña, muchos aun funcionando.
«Puerto Cristal comenzó siendo pizzería con formato de restaurante pero se fue reversionando a medida que Puerto Madero empezaba a ser el barrio joven sofisticado de la ciudad», aunque en ese momento era un paisaje también distinto. «En la década del 90 se realizó la gran obra de reciclado portuario que convirtió a Puerto Madero en el barrio número 48 y fue cuando se refuncionalizaron los viejos galpones ingleses que servían para almacenar mercadería y se dio paso a los primeros restaurantes», recuerda Karina.
Sin embargo, la historia de los Fernández enfrentó sus propios desafíos. En 2004, el gallego José Luis empezó a tener problemas de salud y Karina, desoyendo el consejo de su padre, decidió renunciar a su exitosa carrera como abogada para tomar las riendas del negocio familiar.
«Reuní a los empleados y les dije: ‘De gastronomía, lo único que sé es comer, pero si me enseñan, vamos a salir adelante'», recuerda Karina, quien tuvo que insistir para que su padre se retirase y se dedicara a curarse y descansar.
Finalmente, José Luis aceptó y Karina, al poco tiempo de estar a cargo, pudo comprobar cuánta razón tenía su padre cuando le decía que la vida del gastronómico era muy sacrificada. Durante años, Karina equilibró su rol como madre y empresaria, con jornadas que comenzaban a las 7 de la mañana y terminaban pasada la medianoche; incluso los fines de semana.
No obstante, no solamente continuó el negocio familiar, sino que también imprimió su estilo personal al restaurante, cuidando cada detalle, desde la pulcritud de los manteles hasta la disposición de las flores en cada mesa.
La profesionalidad del equipo también es un sello distintivo: el chef y dos mozos trabajan en Puerto Cristal desde el primer día, hace ya 30 años, cuando José Luis cortó la cinta inaugural.
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