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El árbol dorado que despide el otoño porteño: dónde disfrutar de los ginkgos en la Ciudad
Con más de 700 ejemplares en la Ciudad, el ginkgo biloba tiñe de amarillo las calles porteñas. Conocé su historia milenaria y dónde encontrarlos.
En una época donde la mayoría de los árboles porteños ya se despidieron de sus hojas para hacerle frente al frío, el ginkgo biloba irrumpe en la escenografía de Buenos Aires con un amarillo vibrante y espectacular. Sus copas completamente doradas se adueñan del paisaje urbano, regalando postales únicas en diversas calles, plazas y avenidas antes de la llegada oficial del invierno.
La Ciudad de Buenos Aires alberga cerca de 750 ejemplares censados de esta fascinante especie originaria de China. Para la comunidad científica, el ginkgo es considerado un auténtico fósil viviente: se calcula que habitaba la Tierra hace más de 200 millones de años, sobreviviendo incluso a la era de los dinosaurios.
El asombroso cambio cromático de sus hojas —que poseen una distintiva forma de abanico— se debe a la senescencia foliar. Este proceso natural hace que, al bajar drásticamente las temperaturas, la clorofila se degrade, transformando el follaje de un verde intenso a su característico y brillante tono dorado.
Los puntos más fotogénicos de Buenos Aires
Si bien la Ciudad cuenta con ginkgos distribuidos en distintos barrios, hay agrupaciones que destacan por su belleza y se han convertido en los puntos más fotografiados de la temporada otoñal:
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Entornos patrimoniales: La alineación de ginkgos sobre la calle Junín, junto al Cementerio de la Recoleta (a pocos minutos de Puerto Madero), forma un deslumbrante corredor natural. Un espectáculo similar se repite sobre la avenida Jorge Newbery, bordeando el Cementerio de la Chacarita.
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Parques y plazas: El Jardín Japonés, la Plaza Sicilia, la Plaza Holanda y el Parque Paseo de las Américas son locaciones perfectas para admirarlos.
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Árboles Notables: En la Plaza República de Chile (Palermo), se erige un conjunto de ginkgos declarados como notables por el Gobierno porteño. Su valor no es solo paisajístico, sino que funcionan como un homenaje conmemorativo a las víctimas chilenas del terrorismo de Estado.
Resistencia milenaria: el milagro de Hiroshima
El ginkgo biloba no solo cautiva por su estética ornamental o por los históricos usos medicinales de la medicina tradicional asiática, sino por ser sinónimo de resiliencia.
El ejemplo más extremo de su fortaleza se registró en 1945, tras el bombardeo atómico sobre la ciudad de Hiroshima. Árboles de esta especie que se encontraban a menos de dos kilómetros del epicentro resistieron la devastación, lograron rebrotar de sus raíces calcinadas y hoy, décadas después, siguen en pie en Japón, siendo venerados internacionalmente como símbolos inquebrantables de paz.