Buenos Aires, 16/01/2018, edición Nº 1528
Aire Libre

Deportistas profesionales y amateurs patinaron en familia por las calles de Puerto Madero

Cada vez son más las carreras que, cada año, convocan a deportistas profesionales y amateurs con la consigna de recorrer las calles de la Ciudad de una manera diferente. Ayer en Puerto Madero fue la primera edición de la Rollerblade Race, organizada por la marca de patines en línea, que busca convertirse en uno de los clásicos para los fanáticos de esta actividad.

Más de 1.500 personas fueron llegando al Parque Mujeres Argentinas después del mediodía. La postal más llamativa: madres, padres e hijos, todos juntos, con sus cascos y protecciones, ansiosos por comenzar a “rollear”. Es que esta carrera tuvo una particularidad: era mixta, y tenía un segmento “kids”, especialmente diseñado para que se anoten chicos de 4 a 12 años, en 1,7 kilómetros. La consigna prendió muy bien: había de todas las edades, y participaron con el mismo entusiasmo que los grandes. Como Nicolás (8) y Malena (11), que fueron junto a su tío Diego, un roller experimentado. “Me encantó competir, me cansé un poco porque quise llegar entre los primeros. Lo más lindo fue que vinimos juntos y nos quedamos hasta el final, viendo a los grandes que van rapidísimo”, dijo la nena, con asombro y fascinación.

El turno siguiente fue el de los expertos: hombres y mujeres de más de 18 años compitieron en 16 kilómetros. Hubo pelotones, a los que es fácil reconocer porque van todos juntos, en hilera, haciendo patadas para impulsarse de manera simétrica y coreografiada. Muchos llevaban calzas, medias o cascos iguales, para que fuera fácil reconocerlos. “Estamos entrenando duro para ir a competir a las 24 horas de Le Mans, así que es una buena oportunidad para medirnos”, dice Florencia (26), que integra el equipo de Andando en Línea.

Antes de que cayera el sol cerró la actividad el grueso de la concurrencia: aquellos que van para pasarla bien, no buscan hacer marcas récord, sino simplemente demostrarse a sí mismos que pueden completar el desafío, que en esta carrera era de 12 kilómetros. A los laterales de la pista, sobre las calles Juana Manso y la Avenida de los Italianos, familias enteras alentaban y sacaban fotos a las camisetas amarillas que pasaban por delante. El premio, además de la medalla, fue el abrazo y el aplauso que recibieron al pasar debajo del reloj electrónico que marcaba la llegada. NR


Fuente: Clarín

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