Buenos Aires, 25/06/2019, edición Nº 2053
Cultura
Fecha Publicación: 28 febrero, 2014

Cuando la cocina es a dúo

chef

(Puerto Madero) Maradona y Caniggia, Batman y Robin, Starsky y Hutch, el Súper Agente 86 y la 99, Don Quijote y Sancho Panza, Abbot y Costello, Luciano Pavarotti y Plácido Domingo.

 

En el deporte, la televisión, el periodismo, el cine, la literatura, la música y el arte, a través de los años se han formado duplas destacadas, memorables, que dejaron una huella profunda y emocionaron a generaciones enteras en diferentes rincones del planeta. A tono con una ascendente tendencia que combina talentos únicos en el competitivo mundo de la alta gastronomía internacional, en la Argentina también se juntan reconocidos chefs para cocinar, a dúo, platos únicos e irrepetibles.

La movida empezó a gestarse a fuego lento hace una década, a través de los primeros festivales gastronómicos realizados en ciudades del interior que maridaban lo mejor de la cocina local, a cargo de un chef residente, con elaboraciones de colegas invitados. Hoy, los tándems se consolidan para dar rienda suelta a la creatividad e innovación a la carta, en una experiencia diferente, que cautiva a los sibaritas. Ventajas y desventajas de la convivencia de egos en un rubro que requiere temple, carácter y precisión. Cocina en base doble ¿Por qué juntar dos talentos en cocina es una tendencia que crece? ¿El objetivo es potenciar, aún más, a dos grandes talentos gastronómicos? ¿Es una cuestión de márketing? ¿Las propuestas son más completas que si fuesen individuales?

Desde la óptica de Fernando Rivarola, chef propietario de El Baqueano Carnes Autóctonas y mentor de Cocina sin Fronteras, movida gastronómica que, mes a mes, convoca a diferentes cocineros del país y América latina para crear, juntos, elaboraciones especialísimas, “el objetivo es pluralizar la cocina, divulgar los productos regionales endémicos y autóctonos. Considero esencial el intercambio cultural entre países, chefs y productos, así como la utilización de la tecnología y las tradiciones aplicadas por igual a las preparaciones. Es clave la divulgación de la cocina y todo su entorno: la gastronomía es también una herramienta social”.

Otro punto de vista, bien crítico, aporta FrancoTarelli, experimentado cocinero argentino quien, luego de recorrer diferentes latitudes (España, Estados Unidos y Costa Rica) y haber compartido la cancha en varias oportunidades con otros chefs, desembarcó en San Telmo para darle vida a Mesa 524, un pequeño bistró de autor.

“Desde mi óptica, este tipo de encuentros en nuestro país son una manera de publicitar un negocio que cada vez se ve más en la necesidad de mediatizarse para ser un éxito. Las duplas llaman la atención de los medios y por esa razón cada vez son más comunes. Hay algunos, como el de la dupla Fernando Rivarola y Alex Atala (chef del multipremiado restaurante paulista DOM), que sirven para difundir la alta gastronomía, pero hay otros que son meramente comerciales, más que nada en el caso de los chefs televisivos, porque muchas veces sólo ponen la cara o la firma”, argumenta.

Para Rivarola, abundan las ventajas: se favorece el intercambio de ideas y conceptos culinarios, se fomentan la camaradería y los puntos de vista integradores. “Además, en nuestro caso, como convivimos varios días con los cocineros convidados, llegamos a conocer más de cerca sus inquietudes culinarias sobre el entorno de la cocina y también nos da una pequeña imagen de lo que son y hacen cada uno como persona”. En relación al costo de los menúes, el chef de El Baqueano asegura que “se estipulan según los costos de materia prima que se generan en cada país invitado y los gastos que implique movilizar al cocinero de turno y su ayudante desde su país de origen hasta nuestra cocina, además del alojamiento y divertimento que se le brinde una vez pise nuestro país. Está claro que ningún colega, al día de hoy, nos ha cobrado cachet. Y lógicamente no contamos con ningún apoyo gubernamental, que bajaría considerablemente el costo final de la cena”.

 

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